La mayoría de procesos de selección miden lo que no importa: cómo cuentas tu trabajo en una entrevista, no si sabes hacerlo. Nosotros invertimos eso. En Implementers se entra por dos puertas, y ninguna es una entrevista de manual. La barra es alta a propósito: es lo que hace que el badge signifique algo.
Filtramos por lo que no se puede enseñar
Hay cosas que enseñamos nosotros —nuestros procesos, la prompt library, la forma de trabajar de cada pod— y cosas que no se enseñan en un onboarding: el criterio y la capacidad de entregar algo que funcione en producción. Filtramos por lo segundo. Lo primero te lo damos cuando estás dentro.
Puerta 1 — evidencia, sin deberes
No pedimos un test de juguete ni "resuelve este caso ficticio en tu tiempo libre". Pedimos que enseñes lo que ya has enviado a producción —repos, dashboards, casos, métricas— y lo defiendas ante el Practice Lead: por qué esa decisión, qué se rompió, cómo lo medías. Difícil de falsear, porque se escarba en directo. Aquí cae la mayoría.
Puerta 2 — trial pagado
Quien pasa la primera puerta entra a un proyecto real, pagado y supervisado. Ese trial es a la vez la evaluación y el onboarding: aprendes el «cómo» de Implementa haciendo trabajo de verdad. Si entrega y pasa el QA, es Certified Implementer. Nadie trabaja gratis para demostrar nada.
Difícil a propósito
Un colectivo abierto no vale nada: si cualquiera entra, pertenecer no significa nada. El listón no es un obstáculo burocrático, es el producto. Protege a los que ya están dentro y es la promesa que le hacemos al cliente: detrás de Implementa hay gente que pasó una barra que la mayoría no pasa.